Lo que yo quiero es arrancarme a mí de ti. No es solo sacarte de mi vida, es desenterrarme de la tuya, borrar cada huella de mi error, como quien borra su reflejo de un lago en calma antes de ser perturbado. Me ahoga el asco de haber creído en la ilusión con la que alguna vez mis ojos te vistieron de luz. Me avergüenza haber encontrado belleza donde solo había un abismo devorando su propio eco. Entre tú y yo, apenas queda un hilo delgado, sosteniendo esta farsa agonizante, una fibra tenue que no corto por no herir a quien si me importa. Pero tú… tú no vales el sacrificio de nadie. Todo a su tiempo y en su turno, eso sí lo aprendí de ti. Y cuando llegue el mío, no quedará ni ceniza de lo que fui contigo.
Un día me morí, hubo mucha sangre, nadie supo. No hubo un último suspiro dramático ni un cuerpo desplomado en el suelo. Fue una muerte silenciosa, invisible, de esas que ocurren en el alma y no en la piel. Me morí y en esa tarde mi mente gritaba, pero mi boca guardaba silencio. Morí y los abrazos que necesitaba, nunca llegaron, las palabras que quise decir se quedaron atrapadas en mi garganta durante ya casi 10 años. Ese agosto 2015 me sumió en una profunda oscuridad y aunque nadie lo supo, fue una muerte lenta, discreta, sin funeral ni luto. El mundo siguió girando, la gente siguió riendo, el sol salió al día siguiente como si nada hubiera pasado. Pero yo me rompí en pedazos y nadie vió las grietas.
Quisiera escribir sobre otro amor, acerca de otro dolor, desde otro despecho, pero no puedo. Sería como escribir sobre un papel ya entintado con letras, como alumbrar el sol con un bombillo o como apagar la noche más oscura. Quisiera llorar por otro nombre, pero hasta mis lágrimas te pertenecen; el propio dolor tiene en mí tatuada tu risa como si se burlara infinitamente de mí. La ausencia de ti inunda caudalosamente cada poro de mi ser, coloniza mis sentidos y vive abrumada paseando por tus recuerdos. Anoche, dibujé un corazón, uno roto, amoratado, cosido, relleno de parches color esperanza, unido a un hilo de ilusiones desgastado por el tiempo. ¿Cómo te encuentro? Si te busco en cada sombra y en la lluvia desbordada, si te diluyes en mi mente, si te tropiezas en mi alma, ¿cómo te reconstruyo conmigo? Si ya dejé de ser yo y tú no eres más quien estuvo conmigo. Mientras hay vida hay esperanza, pero yo me morí cuando te desvestiste de mí.